Tras la muerte de un sastre en el franquismo, un pequeño pueblo situado en la oscuridad de los cajones del difunto busca salir de la oscuridad en la que llevaban refugiados tanto tiempo. Dicha historia puede reflejarse en una serie de cuadros con guiños tales como el Laoconte, ¿Mi cuadro favorito? Sin duda el último. Me maravilló el contraste de oscuros con el colorido de los árboles y el agujero de la aguja, el cúal había inicialmente confundido con un espejo hasta que el autor nos lo explicó, que en realidad era la salida, el final de una parte para dar inicio a la siguiente historia de estos diminutos personajillos que en un futuro en otra exposición les veremos enfrentándose al mundo exterior, exposición a la que tendré ganas de ir cuando sepa de ésta.Cómo se puede suponer, en el taller de un sastre... ¿qué puede haber? ¡Claro! Objetos de costura: Cintas métricas, ovillos de lana... etc... Objetos que sí o sí habremos visto alguna vez que nunca nos habríamos esperado que podrían servir para construir casas encima, teleféricos, etc... Qué pena ser tan grande como para no poder hacerlo a diferencia de nuestros protagonistas.
Personalmente, me encantó todo: Su técnica... que alternaba entre la técnica seca y la húmeda (el óleo) y sobretodo el detalle era sumamente increíble, como si regresara a aquella época de los góticos flamencos donde podíamos apreciar el espejo detalladísimo en el matrimonio de Arnoldfini. Y aquí, os dejo con algunas imágenes, (y un selfie) de los cuadros que disfrute durante una experiencia en la que sencillamente, me lo pasé genial, además de un vídeo donde el artista y todo el corresponsal ofrecieron unas palabras (aviso: en una parte digo "ahora viene lo peor" como broma, ¡no lo toméis a mal! Nunca viene mal una pizca de humor).













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